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Por Qué Mi Hija Ya No Tiene Miedo de Envejecer. Y Yo Tampoco / Why My Daughter Is Not Afraid of Getting Older. And Neither Am I

  • Writer: Frederick L Shelton
    Frederick L Shelton
  • 11 hours ago
  • 7 min read

(English Version Below)

Por Qué Mi Hija Ya No Tiene Miedo de Envejecer. Y Yo Tampoco.

Cuando era joven, me daba PÁNICO envejecer. Hasta había una famosa canción de The Who que decía: “Hope I die before I get old.” Y entendíamos perfectamente el sentimiento. Crecimos viendo gente fumar una o dos cajetillas al día, echarse sus comidas de tres martinis y llevar una dieta que parecía ser 40% grasa, 20% sal, 20% azúcar y suficiente refresco para disolver un Buick. ¡Claro que HACÍAMOS ejercicio! Bailábamos durante horas en los antros... mientras tomábamos y fumábamos. Los estadounidenses que vivíamos en las grandes ciudades NO envejecíamos precisamente bien.


Hace siete años me llegó mi propio adelanto de la vejez. Me diagnosticaron enfermedad del corazón, hipertensión Etapa 2, enfermedad pulmonar, artritis y un posible aneurisma, lo cual significaba que, técnicamente, podía caerme muerto en cualquier momento. La solución médica fue bastante predecible: medicamentos. MUCHOS medicamentos. Y después más medicamentos para controlar los efectos secundarios de los primeros medicamentos. Yo dije que no, gracias. Primero iba a cambiar radicalmente mi estilo de vida y ver qué pasaba. Al doctor literalmente le molestó mi decisión y básicamente me dijo: “Pues buena suerte con eso.”

Reto aceptado.


Dejé de fumar. Eliminé alrededor del 90% de la sal y el azúcar de mi dieta, incluyendo mi amado Mountain Dew. Me tomaba unas 12 latas por semana, lo cual, viéndolo ahora, no era tanto una elección de bebida como un experimento químico permanente. Empecé con yoga, meditación, cardio de bajo impacto y pesas. Después de seis meses de yoga desaparecieron los dolores crónicos en los tendones de Aquiles y detrás de las rodillas. Eventualmente volví a jugar tenis. Mi presión bajó. Y resultó que el aneurisma ni siquiera existía. Al parecer, mi cuerpo decidió dejar de cooperar con mi expediente médico.


Cuando nos mudamos a Texas, empecé a tomar las pesas más en serio, entré a un equipo de tenis de la USTA y encontré un médico de Direct Primary Care, básicamente un doctor tipo concierge. Por unos $100 dólares al mes podía verlo todas las veces que quisiera y, sorprendentemente, pasar TIEMPO DE VERDAD hablando de nutrición, ejercicio y estilo de vida, en lugar de que alguien viera una pantalla durante siete minutos y sacara el recetario. Unos años después me dijeron que NO tenía enfermedad del corazón, NO tenía enfermedad pulmonar y NO tenía artritis. Mi presión estaba alrededor de 130/85. Mientras tanto, jugué cinco campeonatos estatales de tenis de la USTA, incluyendo uno con María, y llegué a un campeonato nacional con un equipo del cual fui co capitán.


Desde que nos mudamos a México, la cosa se puso todavía mejor. La comida es mucho más natural, caminamos más, la vida es más social y estoy afuera todo el tiempo. Juego tenis varias veces por semana, hago ejercicio casi todos los días, viajamos, salimos a cenar constantemente y me divierto más que cuando era joven. De alguna manera llegué a una edad en la que se supone que debería estar bajándole al ritmo, mientras mi vida se parece cada vez más a un campamento de verano para adultos con una American Express sin límite. ¡Está con madre!


Y entonces mi hija me dijo algo que nunca voy a olvidar:

“Papá, antes me daba miedo envejecer, pero ya no. Te veo a ti y no te ves viejo ni tienes una vida de viejo. ¡Y definitivamente no actúas como viejo! Tienes más entusiasmo por la vida que la mayoría de la gente de mi edad. ¡Hasta me da envidia todo el tiempo que tienes para hacer ejercicio, salir a cenar y viajar! Me encanta tener mi edad, pero ya no me da miedo llegar a la tuya.”


ESO sí fue un cumplido increíble. Pero lo curioso es que ahora YO tengo a alguien que me hace sentir exactamente igual: mi amigo “Doc.”


Ese es Doc parado junto a mí en la foto. Es mayor que yo, está sanísimo, siempre está sonriendo, obviamente sigue enamoradísimo de su esposa y está en las canchas varias veces por semana jugando singles y dobles. Y el señor JUEGA. Doc me ha puesto unas buenas madrizas en la cancha, a mí y a varios jugadores bastante más jóvenes que los dos, más veces de las que estoy dispuesto a reconocer públicamente.


Además, siempre está de buenas y es súper positivo. No se ve viejo, no tiene una vida de viejo y DEFINITIVAMENTE no actúa como viejo. No anda de malas, no se queja de todo ni se transforma en un chupacabras gruñendo y enseñando los colmillos cuando alguien canta “¡fuera!” una pelota que cayó cerquita de la línea. Tenemos algunos amigos que se ponen, digamos... muy apasionados cuando están convencidos de que una pelota que mandaron a Matehuala estaba adentro. Los queremos de todas formas. Casi siempre.


Doc es diferente. Está sano, activo, sociable, competitivo, feliz y claramente disfrutando la vida a todo lo que da. ASÍ quiero envejecer yo.

Antes me daban miedo mis 50 porque muy pocos miembros de mi familia vivieron mucho más allá de esa edad. Ahora veo a Doc y, la verdad, mis 70 se ven bastante chingones. Hasta los 80 ya no me parecen nada mal si sigo sano, feliz, rodeado de gente que quiero y con una raqueta en la mano, tratando de ganarle a algún castroso de 64 años que todavía cree que es joven.

Mi hija me ve a mí y ya no tiene miedo de envejecer. Yo veo a Doc y siento exactamente lo mismo. ¿Y saben qué? Envejecer no da miedo si simplemente te niegas a convertirte en un viejo.

Admiro muchísimo a Doc.

Él simplemente se niega a ser viejo.


Why My Daughter Is Not Afraid of Getting Older. And Neither Am I.

When I was young, I was TERRIFIED of getting older. There was even a famous song by

The Who with the line, “Hope I die before I get old.” We understood the sentiment. We grew up watching people smoke one or two packs of cigarettes a day, enjoy three martini lunches and eat a diet that seemed to consist of 40% fat, 20% salt, 20% sugar and enough soda to dissolve a Buick. We DID exercise! We danced at clubs – while drinking and smoking. Urban Americans did NOT age well.


Seven years ago, I got my own preview. I was diagnosed with heart disease, Stage 2 hypertension, lung disease, arthritis and a possible aneurysm, meaning I could theoretically drop dead at any moment. The medical solution was predictable: drugs. LOTS of drugs. Plus more drugs to deal with the side effects of the first drugs. I declined and told my doctor I was going to radically change my lifestyle first and see what happened. He actually got irritated and essentially said, “Good luck with that.”

Challenge accepted.


I quit smoking. I eliminated about 90% of the salt and sugar from my diet, including my precious Mountain Dew. I was drinking about 12 cans a week, which in retrospect was less a beverage choice than an ongoing chemistry experiment. I started yoga, meditation, low impact cardio and weight training. After six months of yoga, the chronic pain in my Achilles tendons and behind my knees disappeared. Eventually, I started playing tennis again. My blood pressure dropped. The aneurysm turned out not to exist. Apparently, my body had begun refusing to cooperate with my medical chart.


When we moved to Texas, I started lifting more seriously, joined a USTA tennis team and found a Direct Primary Care physician, basically a concierge doctor. For about $100 a month, I could see him whenever I wanted and, amazingly, spend actual TIME discussing nutrition, exercise and lifestyle instead of having someone glance at a computer screen for seven minutes and reach for a prescription pad. A few years later, I was told I did NOT have heart disease, did NOT have lung disease and did NOT have arthritis. My blood pressure was around 130/85. Meanwhile, I played in five USTA state tennis championships, including one with Maria, and went to a national championship with a team I co-captained.


Since moving to Mexico, things have gotten even better. The food is more natural, we walk more, life is more social and I'm outside constantly. I play tennis several times a week, exercise almost every day, travel, dine out constantly and have more fun than I did when I was younger. Somehow I've reached an age when I'm supposed to be slowing down while my lifestyle increasingly resembles summer camp for adults with a no-limit American Express.


That's when my daughter told me something I'll never forget: “Dad, I used to be afraid of getting older, but I'm not anymore. I look at you and you don't look old or have an old person's lifestyle. You sure don’t act old! You have more enthusiasm for life than most people my age! Heck, I'm jealous of all the time you have for exercise, dining out and travel! I love being my age, but I'm not dreading reaching yours anymore.”


THAT was one hell of a compliment. But the funny thing is, now I have my own version of that person: my friend “Doc.”

That's Doc standing next to me in the photo. He's older than I am, healthy as can be, constantly smiling, obviously still crazy about his wife and on the tennis courts multiple times a week playing both singles and doubles. And the man can PLAY. Doc has kicked my butt, along with the butts of plenty of players younger than both of us, more times than I'd care to document publicly.


He's also always friendly and positive. He doesn’t look old, have an old person’s lifestyle and he certainly doesn’t act old! He doesn't get grumpy, complain about everything or turn into a werewolf when someone calls a near shot, out. We have friends who get quite “passionate” about the game of tennis when they think a bad hit was in. We still love them. Mostly.

Doc is different. He's healthy, active, social, competitive, happy and obviously enjoying the hell out of life. THAT is how I want to get older.


I used to be afraid of my 50s because so few members of my family lived much beyond them. Now I look at Doc and my 70s look pretty damn good. Even my 80s don't seem so bad if I'm still healthy, happy, surrounded by people I love and holding a tennis racquet while trying to beat some annoying 64-year-old who thinks he's young.


My daughter looks at me and isn't afraid of getting older anymore. I look at Doc and feel exactly the same way. And guess what? Getting older isn’t scary at all, if you just refuse to be an old person. I genuinely admire Doc.

He refuses to be old.

 
 
 

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