RED SHOES: EPISODE 2 – Return of the Headi
- Frederick L Shelton
- 2 days ago
- 4 min read

(Version in Espanol Abajo!)
There is, I concede with a sigh and a slightly sarcastic salute, one fluorescent, fully stocked arena in which the United States still reigns supreme. Yes, I reluctantly concede that the USA conquers Mexico with respect to one quality. It's not healthcare, where a minor ailment can cost a mortgage. It's obviously not government, where a feral felon freaks out and taps texted tantrums at 2am every morning. Not safety, where the phrase “another quiet weekend” means three whole days without a mass murder. No, the crown jewel where 'Murica remains supreme is... Consumerism! Colossal, compulsive consumerism.
Because nowhere else on Earth can a man, at 2:17 in the morning, decide he urgently requires bacon flavored toothpaste, glow in the dark undercarriage lighting for his SUV, and slippers that suggest he is at least part, Bigfoot AND have it all delivered before his morning coffee cools. It is a civilization built not on culture, character or creation, but on overnight shipping and impulse decisions.
Meanwhile, here in Mexico, I find myself engaged in what can only be described as an epic quest. A six week sojourn for sleek, red tennis shoes. Not rare artifacts. Not bespoke Italian leather stitched Ferragamo's. Just… red tennis shoes.
And then, dear reader, I found them! I ordered them. I even secured them through that mythical creature known as Amazon Prime, which in this part of the world is considered more of a rumor then purchasing option. Three day delivery, they promised. And in a plot twist that would make even the most hardened cynic blink, they arrived. On time. In a box! Intact! Except one thing.
Because upon opening said box, I discovered a tale of two brands. On my left foot, the precise, pristine Yonex I had ordered. On my right, an unexpected guest appearance from a red imposter who snuck in - Head. The shoe looked close enough to pass at a glance from a late night stocking clerk who had the attention span of a Beagle puppy, but unmistakably different once examined with the eye of a man who has waited six weeks for symmetry.
It was, in its own absurd way..... magnificent! I laughed out loud!
Now, to Mexico’s credit, the return process did not involve carrier pigeons, blood oaths, or a journey back through the desert. One phone call. One form. Done.
And now I stand once again at the crossroads of commerce and chaos.
What will replace them? My Buying Brands Bingo Card has one square left: a compact red vacuum cleaner for my car!
That is the adventure of consumerism in Mexico! ZAPATOS ROJOS: EPISODIO 2 – El Regreso del Headi
Hay, lo admito con un suspiro y un saludo medio sarcástico, un solo terreno fluorescente, perfectamente surtido, donde Estados Unidos sigue siendo el mero mero. Sí, a

regañadientes concedo que los gringos le ganan a México en una sola cosa. No es la salud, donde una gripita te puede costar como si compraras casa. Tampoco es el gobierno, donde un delincuente desatado anda escribiendo berrinches por mensaje a las 2 de la mañana como relojito. Y mucho menos la seguridad, donde “un fin de semana tranquilo” significa que nomás hubo unas cuantas tragedias y ya.
No. La joya de la corona donde ‘Murica sigue invicta es… el consumismo. Gigante, grotesco, gloriosamente absurdo consumismo.
Porque en ningún otro lugar del planeta un cuate puede, a las 2:17 de la madrugada, decidir que NECESITA pasta de dientes sabor tocino, luces neón para abajo de su troca que parecen ovni, y unas pantuflas que lo hacen ver como pie grande… y tener todo eso en su puerta antes de que se enfríe el café de la mañana. Es una civilización construida no sobre cultura, carácter o creación, sino sobre envíos exprés y decisiones impulsivas bien locas.
Mientras tanto, aquí en México, yo ando metido en lo que solo se puede describir como una misión épica. Seis semanas buscando unos tenis rojos, elegantes, sencillos. No reliquias raras. No Ferragamos cosidos a mano por artesanos italianos con apellido complicado. No. Nomás… tenis rojos.
Y entonces, querido lector… ¡los encontré! Los pedí. Hasta los conseguí por esa criatura casi mitológica llamada Amazon Prime, que por acá funciona más como chisme que como servicio real. “Entrega en tres días”, dijeron. Y en un giro de trama digno de telenovela, llegaron. A tiempo. En caja. Cerrados. Todo bien… o eso parecía.
Porque al abrir la caja, me encontré con una historia de dos marcas.
En el pie izquierdo, el Yonex perfecto, precioso, tal cual lo pedí. En el derecho… una aparición sorpresa. Un infiltrado. Un impostor rojo marca Head que se coló como si nada. Parecido, sí. Lo suficiente para engañar a algún empleado desvelado con la concentración de un perrito inquieto. Pero totalmente distinto para alguien que llevaba seis semanas esperando simetría perfecta.
Y la neta… fue magnífico. Me solté riendo ahí mismo.
Ahora, para darle su crédito a México, la devolución no implicó palomas mensajeras, rituales raros ni cruzar el desierto de regreso. Una llamada. Un formulario. Listo. Sin drama.
Y aquí estoy otra vez, parado en el cruce entre el comercio y el caos.
¿Qué va a llegar ahora? Mi cartilla de “Bingo de Compras Random” ya casi se llena… solo me falta un cuadrito: una aspiradora roja chiquita para el coche.
Porque así es la aventura del consumismo en México, güey.




Comments